Bajé un poco después de la parada habitual en revolución. Vi las luces brillantes y quise observar en el aparador de alguna tienda un abrigo negro. Había mucha gente.
Una señora con voz agradable y ojos prominentes se dirigió a mí. Me dijo: “Güerita, te leo la mano”. Yo negué con la cabeza y dije “Gracias”, aunque siempre esas cosas me han dado curiosidad.
Después de ser pseudo-atropellada por un tipo nefasto que tenía miedo de viajar en moto en revolución y que por eso arrollaba gente en la banqueta, decidí caminar, hacia dirección contraria. Me volví a encontrar a la señora, quien me miró a los ojos y, aparentemente muy preocupada, me dijo que había muchas trabas en mi camino, que quería advertirme. Me ofreció un volante y lo acepté; le pregunté cuánto cobraba; en lugar de eso me contestó que me sentara, que sabía lo mucho que yo estaba preocupada y que ella me diría de las personas que me están haciendo mal, de las situaciones que van a venir y de cómo puedo solventarlas. En ese momento la curiosidad me estaba orillando a ese lado de la banqueta, pero me mantuve firme. La señora era una gran observadora. Afiló el aguijón y dio el golpe: sé que tienes muchos problemas, que las cosas ya no se te dan como antes y te preguntas porque. Hay un gran peligro enfrente, grandes obstáculos, yo te voy a decir cuáles son para que estés prevenida, estás desorientada, y tú lo sabes…
En ese momento sonreí y dije: “Señora, usted no sabe nada”. Me quedé con el volante y le volví a dar las gracias.
De camino para la casa me quedé pensando en esa escena. En ese momento repare en que, en realidad, este año se ha cumplido el deseo ferviente que puse en cada una de mis doce uvas de la copa de año nuevo: tener experiencias. He pasado desde un accidente automovilístico hasta un robo, un diagnóstico equivocado de una enfermedad seria; terapias físicas constantes –que siguen y siguen- pláticas que me han conmovido y que me han hecho cambiar mi comportamiento para con los otros. (Porque los cambios, ahora sé, son un trabajo diario). Ha llegado gente a mi vida y así también, con intensidad y fugacidad, se ha ido. He decidido cambiarme de casa, dejar un tiempo un trabajo –un gran trabajo- para concluir otro proyecto que está maduro y necesita dedicación. He convivido a diario con gente que aprecio. He destruido esquemas de pensamiento y estoy en proceso de construcción de otros… He visto como puedo incidir en el comportamiento de una persona con la que he vivido. Me he dado cuenta del daño que puedo hacer y de las cosas que están en mí que necesitan aquilatarse para aprender.
También pensé que en tiempos de crisis si alguien llega con un speech convincente y seguro, en el que ofrece ciertas seguridades a personas que estén pasando momentos difíciles –considerando que en la vida hay un sinnúmero de variables que pueden dolernos y confundirnos- suena bastante tentador que te lean la mano, te echen las cartas y te digan cosas sobre tu futuro y te den consejos de cómo actuar.
Cuando la señora me dijo que todo me estaba saliendo mal yo sólo sonreí porque eso no era cierto. Me siento bien en los lugares donde laboro y con las cosas que realizo y estimo mucho a las personas que me rodean. Todo va, tal vez un poco más lento, tal vez ha variado el itinerario de viaje, pero todo va.
Y sobre todo, exclamé ese “usted no sabe nada” porque estoy viviendo cada día, haciendo conscientes pequeñas cosas y trabajando en mejorar. Sé que hay contradicciones y paradojas y un sinfín de constantes que no vemos o sí o nos hacemos pendejos. Pero el resultado de hacer pequeños cambios, poco a poco, se verá a su tiempo.
***
Otra vez, desde el lunes, he querido escribir y me salían cuartillas pero total se quedaron en borradores. Lo que quería comunicar, simplemente era esto: fui a una fiesta linda y re bonita con alemanes y norcoreanos y mamás que animaban los pasos setenteros y juegos donde uno de los protagonistas fue dios y fue una dulce despedida para los ciclos que están por comenzar con amigas entrañables.
Que me quitaron el collarín pero debo hacer ejercicios constantemente. Que el lunes aprendí mucho en una plática en el colegio y que el martes cené con un chico con el que tuve problemas porque yo era una niña caprichuda en la prepa. Que cené con él, que platiqué con él como nunca y que ahora tengo la capacidad para aprender de esa persona, que siempre, como él me dijo, estuvo ahí.
En fin, en este momento estoy decidiendo si me lanzo al concierto de Fito Páez a Puebla. Tengo mucho trabajo y estoy “guardando” mis salidas porque el 26 es el cumple de mi abuela y quiero viajar para con ella también.
Pero me da la locura y si consigo cómplices, nos vamos.
En fin… tal vez no, ¿Quién puede saberlo?









