11.14.2009

¿Te leo la mano?


Bajé un poco después de la parada habitual en revolución. Vi las luces brillantes y quise observar en el aparador de alguna tienda un abrigo negro. Había mucha gente.

Una señora con voz agradable y ojos prominentes se dirigió a mí. Me dijo: “Güerita, te leo la mano”. Yo negué con la cabeza y dije “Gracias”, aunque siempre esas cosas me han dado curiosidad.

Después de ser pseudo-atropellada por un tipo nefasto que tenía miedo de viajar en moto en revolución y que por eso arrollaba gente en la banqueta, decidí caminar, hacia dirección contraria. Me volví a encontrar a la señora, quien me miró a los ojos y, aparentemente muy preocupada, me dijo que había muchas trabas en mi camino, que quería advertirme. Me ofreció un volante y lo acepté; le pregunté cuánto cobraba; en lugar de eso me contestó que me sentara, que sabía lo mucho que yo estaba preocupada y que ella me diría de las personas que me están haciendo mal, de las situaciones que van a venir y de cómo puedo solventarlas. En ese momento la curiosidad me estaba orillando a ese lado de la banqueta, pero me mantuve firme. La señora era una gran observadora. Afiló el aguijón y dio el golpe: sé que tienes muchos problemas, que las cosas ya no se te dan como antes y te preguntas porque. Hay un gran peligro enfrente, grandes obstáculos, yo te voy a decir cuáles son para que estés prevenida, estás desorientada, y tú lo sabes…

En ese momento sonreí y dije: “Señora, usted no sabe nada”. Me quedé con el volante y le volví a dar las gracias.

De camino para la casa me quedé pensando en esa escena. En ese momento repare en que, en realidad, este año se ha cumplido el deseo ferviente que puse en cada una de mis doce uvas de la copa de año nuevo: tener experiencias. He pasado desde un accidente automovilístico hasta un robo, un diagnóstico equivocado de una enfermedad seria; terapias físicas constantes –que siguen y siguen- pláticas que me han conmovido y que me han hecho cambiar mi comportamiento para con los otros. (Porque los cambios, ahora sé, son un trabajo diario). Ha llegado gente a mi vida y así también, con intensidad y fugacidad, se ha ido. He decidido cambiarme de casa, dejar un tiempo un trabajo –un gran trabajo- para concluir otro proyecto que está maduro y necesita dedicación. He convivido a diario con gente que aprecio. He destruido esquemas de pensamiento y estoy en proceso de construcción de otros… He visto como puedo incidir en el comportamiento de una persona con la que he vivido. Me he dado cuenta del daño que puedo hacer y de las cosas que están en mí que necesitan aquilatarse para aprender.

También pensé que en tiempos de crisis si alguien llega con un speech convincente y seguro, en el que ofrece ciertas seguridades a personas que estén pasando momentos difíciles –considerando que en la vida hay un sinnúmero de variables que pueden dolernos y confundirnos- suena bastante tentador que te lean la mano, te echen las cartas y te digan cosas sobre tu futuro y te den consejos de cómo actuar.

Cuando la señora me dijo que todo me estaba saliendo mal yo sólo sonreí porque eso no era cierto. Me siento bien en los lugares donde laboro y con las cosas que realizo y estimo mucho a las personas que me rodean. Todo va, tal vez un poco más lento, tal vez ha variado el itinerario de viaje, pero todo va.

Y sobre todo, exclamé ese “usted no sabe nada” porque estoy viviendo cada día, haciendo conscientes pequeñas cosas y trabajando en mejorar. Sé que hay contradicciones y paradojas y un sinfín de constantes que no vemos o sí o nos hacemos pendejos. Pero el resultado de hacer pequeños cambios, poco a poco, se verá a su tiempo.

***

Otra vez, desde el lunes, he querido escribir y me salían cuartillas pero total se quedaron en borradores. Lo que quería comunicar, simplemente era esto: fui a una fiesta linda y re bonita con alemanes y norcoreanos y mamás que animaban los pasos setenteros y juegos donde uno de los protagonistas fue dios y fue una dulce despedida para los ciclos que están por comenzar con amigas entrañables.

Que me quitaron el collarín pero debo hacer ejercicios constantemente. Que el lunes aprendí mucho en una plática en el colegio y que el martes cené con un chico con el que tuve problemas porque yo era una niña caprichuda en la prepa. Que cené con él, que platiqué con él como nunca y que ahora tengo la capacidad para aprender de esa persona, que siempre, como él me dijo, estuvo ahí.

En fin, en este momento estoy decidiendo si me lanzo al concierto de Fito Páez a Puebla. Tengo mucho trabajo y estoy “guardando” mis salidas porque el 26 es el cumple de mi abuela y quiero viajar para con ella también.

Pero me da la locura y si consigo cómplices, nos vamos.

En fin… tal vez no, ¿Quién puede saberlo?

11.05.2009

De mi albahaca, dos gardenias y un cuento macabro del Decameron…

I

Han pasado muchas cosas y no he escrito. En gran parte porque desde hace semanas lo que hago es sólo trabajar. En gran parte también porque las cosas que he pensado pasan volátiles por mi cabeza y no he tenido tiempo de asentarlas en un papel o en una plática coherente.

Pues bien, lo primero que tendría que decir es que este ha sido un día de muertos en el que, como habrá usted notado, no hubo calaveritas. Desde hace un par de años se habían vuelto tradición. Yo sé que las cosas tienen sus propios tiempos pero si hay un respiro en Monterrey –o antes- seguro por aquí las tienen. De veritas. Aunque sea retrasadas. Sí Janik, yo sí creo todavía en la ética de las intenciones…

Estuve triste el fin de semana porque no me alcanzó el tiempo para ir a visitar a mi familia. Y los extrañe mucho, muchísimo. Hace falta sentarse a la mesa y disfrutar un chocolate caliente como dios manda. Hace falta que los tíos me abracen y las tías me cuenten y ser rían y me digan que la foto tal o que el color de cabello negro no me va. Hace falta abrazar a mi hermano y decirle que tiene cara de sapo pelón. Y que no se vaya, aunque se tenga que ir siempre.

Hace falta que todos recordemos una anécdota chistosa, que mis primos adolescentes vayan formando, a pesar de su rebeldía, una memoria colectiva con nosotros. A mí me gusta el ambiente de mi familia, y me gusta que recordemos, y me gusta que bailen y tomen vino y discutan y se abracen y que se haga reunión en la cocina antes que en el comedor.

He intentado escribir un post “decente” desde el domingo. No me va intentar textos estos días. Estoy nerviosa, fumo como chacuaco, tuve un lapsus melancólico crónico por mi gardenia que falleció sin que me diera cuenta y me acordé del chileno y de la primera canción que bailamos juntos.

Pero si un atardecer
las gardenias de mi amor se mueren
es porque han adivinado
que tu amor se ha marchitado
porque existe otro querer.

Yo sé que es re cursi esto que escribo pero no me importa. Esa canción me gusta y me pone triste y desde siempre me han gustado las gardenias. Ad infinitum. Joder. [y pronuncie usted infinitum como palabra grave, nada de las payasadas de Telmex y su conexión infinitum esdrújula. Estúpido Slim]

II

Yo quería contar desde el principio que compré, en una huída con Janik y su familia a la exposición de alebrijes y la feria de las plantas, una albahaca. También me gusta la albahaca y mucho. Pues decidí pasarla a una maceta más grande. Y en eso estaba cuando decidí hacer jardinería en mi balcón y pasar otras plantas a mejores lugares y comprar tierra y verificar el ph de la tierra para mi gardenia y ser buena con esos seres vivos verdes. Entonces me di cuenta de que mi gardenia había fallecido. Que el invierno no le quita todas las hojas, sino la muerte. Y entonces lloré. Un poco, tampoco fue un escándalo. Y entonces destrocé el tallo y lo enterré en la tierra de la maceta. Y entonces preparé a mi albahaca, y le conté a Janik –quien había venido a visitarme- la anécdota de un cuento del Decamerón:

Era una chica que tenía un amante. Ambos estaban muy enamorados. El mozuelo, que se llamaba Lorenzo, trabajaba con los tres hermanos de la joven, mercaderes ricos, quienes obviamente nunca iban a aceptar tal unión.

Un buen día uno de los hermanos cachó a la joven, llamada Isabetta, en pleno agasaje con el susodicho. El hermano, en lugar de armar un escándalo, guardó silencio y comunicó lo visto a sus congéneres.

Los tres hermanos decidieron matar a Lorenzo. Para ello le propusieron salir de viaje con los tres. En el trayecto los cuatro hombres se internaron en un bosque y cuando estaban suficientemente lejos de algún punto donde alguien pudiera verlos, los hermanos de Isabetta llevaron a cabo su plan.

Enterraron el cuerpo de Lorenzo en medio de la nada y luego regresaron a su casa.

Pasaron los días e Isabetta preguntaba por Lorenzo a sus hermanos, pero ninguno le daba razón. Isabetta se llenó de tristeza. Un día, su joven amante se le apareció en sueños y le explicó todo lo que había pasado. Isabetta preguntó el lugar donde había ocurrido todo y, a la mañana siguiente, fue en busca del cuerpo de Lorenzo. Lo encontró. Quería llevarse el cuerpo consigo. Como no pudo, le cortó la cabeza, la envolvió en un trapo y se la llevó.

Ella quería tener a su amante pero no podía dejar que sus hermanos vieran la cabeza. Así que quitó parte de la tierra de una albahaca que tenía en una maceta y allí depositó esa parte de Lorenzo. Cuentan que la albahaca creció y creció y que era la planta más aromática del lugar.

Isabetta y no quería salir nunca de su cuarto y no se separaba de su albahaca. Los hermanos empezaron a sospechar que algo andaba mal con esa planta y, un día que Isabetta fue a misa, arrancaron la albahaca y descubrieron la cabeza.

Los hermanos de Isabetta le quietaron la planta y asumieron que su hermana estaba loca.

Isabetta murió de tristeza unos días después.


Cabe mencionar que esto lo contaba mientras traspasaba mi albahaca a otra maceta en donde previamente había depositado los restos de mi gardenia y la tierra donde había estado plantada.

Janik hizo un gesto de sorpresa y después le conté una leyenda de las que había recopilado en Molcaxac que implicaba también una cabeza cortada.

Quería decirle que estos eran actos simbólicos para enterrar definitivamente lapsus del pasado.

Pero intuyo que ella también sabe algo de este tipo de excéntricos rituales…

10.22.2009

Fumamos un cigarro afuera de tu casa



¿Alguna vez les ha pasado que conocen a alguien,

..................................................................................hablan con el (o ella)

............................rompen el cristal (en dos días o cinco años...)

............y les llega una inspiración

......................................................de, no sé,

.................................................................................................ser mejores personas?

10.12.2009

Have you ever seen the lights? II





En definitiva, hay momentos para hacer las cosas.

(Porque las cosas, claro, tienen sus propios tiempos, independientemente de nosotros)...........


***

Hay personas que no saben lo importante que fueron o son........................................


...Ni si quiera se imaginan las horas que uno gasta hablando de ellas.

..................................................................en el metrobús,

................................en las bancas heladas de ciertos parques
.
.................tarareando silencios el filo de las puertas.................................


No tendrían porque saberlo..



...........................................................,,,,,,.A veces uno es cobarde.

................................................................................
-soy-.

..
.......Y hay una llamada que se dejó para después........

....................................,Un mail que se dejó para después.




.......................Una calma que se dejo......
................................................,,,,,,,,,,,,,,..................para después.............................................

10.04.2009

...


No es fácil arraigar aquí, pocos arraigan. Yo me arraigué a los libros y comencé a escribir, que es como dar por hecho que nada es reversible...[Fabio Morábito]

9.27.2009

Sonata a Kreutzer


Andante

Una de las primeras veces que fui a terapia, (y cuando digo esto la gente se imagina que veo a un psicoanalista con diván) de rehabilitación (y cuando menciono esto la gente piensa que ando en drogas o algo así) me recosté y me pusieron una compresa caliente sobre la espalda. Todavía usaba el collarín para todos lados, y mi cuello parecía el de una jirafa que no puede dormir porque se quiebra.

En fin. Yo no sabía la dinámica del grupo de rehabilitación y estaba como ratón asustado esperando las indicaciones del médico. Tenía que esperar, según mis cálculos, unos veinte minutos con esa cosa sobre mi espalda. El doctor me dijo que él me diría en qué momento podía calentar con todo el grupo, y que no haría los mismos ejercicios puesto que mi lesión todavía era “de cuidado”.

En fin –lo sé, use dos veces el mismo marcador textual, ni modo, tengo sueño- que ese día empecé a oír la voz grave del doctor gritando: uno, dos, tres, mientras yo seguía con la compresa. En eso llegó un hombre en el sitio donde yo estaba recostada y dijo, con voz enérgica: “dice el doctor que ya te quites la compresa”. Yo estaba, obviamente, bocabajo, y las palabras que proferí no llegaron con suficiente fuerza, él dijo entonces, molesto: “¿Si oíste?” y allí, justo allí, se quebró algo dentro. Me dije que ese tipo era detestable, y que se fuera al carajo.

Seguí yendo a rehabilitación, y el tipo iba algunas veces. Hubo dos domingos a los que falté, porque…bueno, porque fue el cumple de una amiga y luego me invitaron a una fiesta y ambos eventos fueron en sábado y pues, ya no me paré temprano para el domingo… el punto es que no vi al tipo hasta después de un par de semanas. Un día de esos se acomodó en un lugar próximo a mí e intercambiamos algunas interjecciones para no darnos patadas mientras ejercitábamos las piernas.

En el grupo de terapia no soy como en todos lados. No sé, la gente se porta muy buena onda conmigo y las señoras me hacen plática y todo bien. Pero yo soy un monosílabo gigante. Me la paso callada y en las últimas horas -la rutina en el agua-me la paso sola en el filo de la alberca. Cuando entablo alguna conversación, es casi siempre la gente la que habla. No yo.


Bueno, pues, que hoy me tocó consulta con el doctor y como las citas son después de las terapias, pues usualmente tengo que esperar detrás de una fila de pacientes que llegan y toman su tuno. Así que esta vez fui con un libro. No supe porque precisamente ese libro, en realidad quizá porque estoy pensando en concluir poco a poco las cosas pendientes, y una de ellas era acabar un cuento, o nouvelle, de las obras completas de Tolstoi que se llama “Sonata a Kreutzer”.

Me senté, pues, en la mini salita de espera. La gente iba y venía, se despedía, tiraba las toallas y se perfumaba. Cuando la clínica empezó a vaciarse pude concentrarme mejor en la lectura.

Fue asi como sentí el paso de un cuerpo delante de mí. No dirigí mirada alguna y seguí leyendo. Cuando por fin estaba a una distancia considerable, voltee a verlo. Una espalda ancha. Pensé que era el doctor más joven de la clínica. Un mamonsito. En fin. Recordé que no llevaba mis radiografías. Fui a la sección de camillas –puesto que allí usualmente dejo mis cosas- y entonces vi que el tipo no era el doctor joven, sino aquel hombre.Me miró a los ojos, lo miré a los ojos, y pasé de largo.

Después fui hacia la mini sala de espera, me pesé mientras sospechaba que no había nadie, y seguí leyendo. El hombre había ido al consultorio del doctor y daba vueltas. Se dirigió hacia donde estaba sentada y me hizo una pregunta: ¿Sabes cuánto tiempo lleva ese paciente con el doctor? Yo le dije que no, que cuando había llegado el doctor ya estaba consultando. Y seguí leyendo. Entonces el tipo se paró junto al escritorio, contiguo a mí, y me preguntó ¿Y tú que tienes? ¿Qué te pasó? Le dije que fue un accidente automóvilistico. Siempre tengo que aclarar que no chocamos, que más bien rodamos porque el fulanito que iba manejando no controló el carro y la inercia y la bajadita de la carretera, y demás etc. El me dijo que unos de sus amigos también rodaron, que había una línea que en los programas de accidentes llaman la línea de la muerte, que es una diagonal y si te encuentras en ella pues es letal. Le pregunte sobre sus amigos. Me dijo que dos de ellos murieron. Uno se salió y lo aplastó el carro. El otro murió al instante por el impacto (pues ellos si chocaron con otro auto).

Ese tipo de cosas no me hacen sentir bien. Pero ya era demasiado tarde para seguir leyendo. Se sentó junto a mí. Me dijo entonces que si podía ver mi libro. Le dije que sí. Entonces resultó un diálogo como el siguiente:

Él --Estos libros son muy bonitos, ¿Son ediciones mexicanas? Ah, no, son españolas.

Yo --Sí, lo son.

Él --Yo tengo un libro como este, vienen en unas cajitas…

Yo --Rojas, con unas cajitas rojas. La colección trae varios autores rusos y franceses, eso es lo que he visto.

Él -- Cuando me salí de mi casa, me llevé dos libros, bueno, a parte de los míos. Dos de mi papá, el también es buen lector. Uno de Shakeaspeare y el de Tolstoi…es igualito a este. Bueno, tal vez un poco más grande…

Yo -- El mío está roto.

El -- Lo puedes llevar a empastar.

Yo--Sí… ¿Y te gusta Tolstoi?

El -- Comencé a leer sólo un ¿cuento?, tiene que ver con un tren.

Yo-- ¿Ana Karenina?

El-- No, no, a ver, el índice, ¿Son las obras completas no?

Yo-- Sí…

El-- Si, es este, Sonta a

Yo-- Kreutzer

El-- Exacto, pero no lo concluí…

Yo-- ¿En serio? vaya, es el que yo estoy leyendo...

Después de eso siguió una serie de recuerdos sobre autores, puntos de vista sobre películas, anotaciones sobre Shakeaspeare. Me contó que estaba leyendo un libro para niños, poque alguien se lo regaló en su cumpleaños del año pasado. “Momo”. Me contó de que iba la historia. Entonces yo le dije que había ciertos libros que uno había que leer en su momento, porque tiempo después, no se disfrutan de la misma forma. El me dijo entonces algo como esto:

"Pues creo que pasa con los libros como con las películas, un película te gusta por el momento que estás viviendo. Yo por ejemplo, cuando leí El Evangelio según Jesucristo, de Saramago, me encantó, pero creo que si no hubiera experimentado esa precisa circunstancia por la que estaba pasando no me hubiera gustado tanto el libro. "

Me quedé pensando y finalmente asentí: Si, tal vez sea como tú dices, un libro te gusta porque te dice algo en la circunstancia que estás pasando. El respondió que así era.


Cuando ambos pasamos con el doctor, nos despedimos. Yo le dije un seco “hasta luego” y el un “Que sigas mejor”

Llegué a la casa, me recosté, luego hice el quehacer que me toca esta semana y me volví a recostar. Terminé la "Sonata a Kreutzer". Finalmente iba a escribir que estoy muy harta. Que me sigue doliendo el cuello, que tengo gripa, que la pantalla de mi compu se descompuso, que las cosas ya no me maravillan como antes lo hacían y que he dejado de creer en muchas coincidencias.

…pero me sorprendo preguntándome si el próximo domingo irá de nuevo.

***

Epílogo que no debería de serlo:

También me he sorprendido siendo víctima de una afición abrumadora al danonino. Y la "Sonata a Kreutzer" (La de Tolstoi, no la de Beethoven) me pareció una buena obra, pero no me gustó.

Fin.

9.18.2009

Muerta guardián



En las historias de bandidos que roban oro en la revolución,


O en aquellas donde los hacendados esconden tesoros debajo de la tierra,

sería yo de las personas que a la pregunta:


¿Hay alguien que quiera quedarse a cuidarlo?


Respondería "yo sí".


[Nota: foto tomada de: http://www.akirasan.net/?p=422]

9.08.2009



Una recámara limpia,
una cama con las orillas de las sábanas dobladas
y una colcha que huele a suavizante.

Ganas de que el apagador esté más cerca,
o de que los focos tengan una luz más ténue,
o de que las sombras del cabello
no interfieran en la lectura de un diccionario femenino.

La cabeza que el cuello apenas sostiene
recostada en una almohada con una funda verde.

Hubo días lluviosos
y el aroma del asfalto mojado
llega hasta la ventana del sexto piso.

Rumores de un partido de fútbol.
Piensa en la última vez en que vio al chileno
y en la ventana abierta
y los besos en los brazos.

Ganas de que alguien sepa encender la luz,
de que le acaricien la frente recostada
y lean una historia en la que un soldado
tenga una herida profunda
y haga el amor con su esposa
mientras ella asegura que no es él,
sino el árabe de ojos verdes
que le disparó con la bayoneta
hace muchos días...

9.03.2009

Desde la orilla de la alberca




Por aventarse del tobogán,

por sentir el frío y el miedo.


Por arrojarse,

Dejarse caer

Y pensar antes del empujón

En una paleta de chocolate.


Por hacer los ejercicios previos

Mal o bien,


Por aguantar la respiración hasta que doliera el cuerpo,

Y dejar que el agua entrara por los oídos

Mientras recordabas video tape.


Por no esperar la indicación,

Por lesionarte,

Por no hacerle caso al entrenador

y subir las escaleras a las tres de la mañana

en una alberca de tres metros.


Por el vértigo,

Y el azar,

Y Carver,


Por un golpe de suerte,

de esos en el que uno espera su Turno

1440 veces.





[FELICIDADES LIRVA]







8.18.2009

...





Lo más hermoso que podemos experimentar es el misterio. Es la fuente de todo arte y toda ciencia de verdad. Aquel para quien esta emoción es desconocida, aquel que ya es incapaz de detenerse para maravillarse y sentirse transportado por un sentimiento reverente, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados. Esta vislumbre del misterio de la vida, bien que unida al temor, ha dado también origen a la religiòn. El saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe, manifestàndose como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, que nuestros torpes sentidos sólo pueden captar en sus formas más primitivas: este conocimimiento, este sentimiento, está en el centro de la verdadera religiosidad. En este sentido, y sólo en este sentido, pertenezco a las filas de los hombres devotamente religiosos.



El mundo tal como lo veo [fragmento] Albert Einstein, 1929.

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